Tánatos


Todos sintieron la tragedia sobre sus cabezas, suspendida en el aire, pero no por siempre. No debían de moverse  en lo mínimo. A Él no le gusta lo vivo, aquello que se mueve; mucho menos las vidas humanas, únicas por ser capaces de forjar su destino. Detestaba a aquellas criaturas que se negaban a ser como el,  perfectas. ¿Qué es la perfección? Los humanos sueñan con la perfección, puesto que conocen sus faltas. Sin embargo, Él es perfecto, y ninguna criatura sobre la Tierra lo reconoce. Tan solo pueden divagar sobre lo perfecto basándose en la cultura dominante, más no en El, la verdad. Por esto todos le temen, al no llegar a comprenderlo, mas saber que va a lastimarlos. ¿Le habrá desagradado el sacrificio? Ya no importaba, puesto que se encontraba aquí, juzgando sus pecados.

Solo el viento meciendo los arboles podía escucharse mientras Él los observaba, esperando un error, una señal, un indicio de vida. La tensión dominaba el ambiente, cuando, súbitamente, un crujir resonó en la plaza. Un hombre había quebrado una rama. Estaba acabado, todos lo sabían, incluso el joven, pobre criatura, probablemente no alcanzaba a tener treinta.

Su respuesta no se hizo esperar. Lentamente, comenzó a acercarse, con un rostro vacío que comenzaba a contorsionarse en una mueca similar a una sonrisa. El joven observaba, sudando, con una expresión de terror plasmada en la cara, como unas manos blancas acariciaban su rostro.-Tranquilo hijo mío-, una voz, más bien un coro disonante, surgió de Él.- Pronto serás perfecto-.

Aterrados, todos observaron como Él se desvaneció como ceniza al viento, mientras el aterrado joven comenzaba a verse atrapado en una densa niebla. Ahogándose, gritó, pero nadie fue. Vieron la vida desaparecer de su rostro, su piel decolorarse hasta brillar, agrietarse, sangrar y sus ojos tornarse lechosos, tan blancos como la piel. Triunfante, Él, en su nuevo huésped, se desvaneció en un haz de luz, mientras el coro regresaba, esta vez como una risa aciaga, tétrica, estridente, que parecía más alarido que risa.- ¿Por qué, Dios?- se preguntaron todos, con rostros entre la solemnidad y las lágrimas. Era el quinto este mes

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