La nieve y el migrante
Cuando despertó, se
halló a si mismo tiritando, puesto que mientras dormía, el invierno había regresado
por completo a la montaña. A medida que salía
de su cuarto (más bien la celda en donde lo habían tirado por falta de
espacio), se dio cuenta de que una finísima capa blanca se encontraba en el
suelo. A pesar de todo lo que había visto, vivido y sufrido, seguía siendo el
mismo; y como se trataba de una persona bastante curiosa, decidió agarrar una
manotada. Estaba fría y se derritió rápidamente.
Aun no entendía por completo como había pasado de ser un
empresario emergente con una familia feliz a encontrarse confinado (prácticamente
detenido) en un centro descuidado y tugurial para otras personas como él. Tampoco
lograba entender porque era tan miserable su fortuna como para haber sido
separado de su esposa e hijos mientras huían de las ruinas de la urbe que
alguna vez habían llamado hogar. Todos los días oraba para que su familia se
encontrara a salvo, y todos los días una respuesta fallaba en llegar, como si
su Dios, al igual que todos aquellos bastardos clasistas y bien acomodados, le
hubiera dado la espalda. De todas formas, debido a sus orígenes humildes, siempre
fue un hombre agradecido, y hoy agradecía
que tenía una cama, dura y que compartía como con unas cinco personas más, pero
una cama; un techo, que no lo protegía muy bien del frio, pero un techo; y
hambre, pero no tanta como cuando llegó.
Más aun, agradecía aquellos que sus ojos presenciaban en aquel instante. La imponente montaña, con
sus alguna vez verdes árboles, ahora lucía un elegante manto níveo. Los techos
de los albergues se encontraban pálidos; los arboles de afuera, desnudos, se cubrían
con aquel velo que debió haber caído en la madrugada, y se engalanaban con témpanos
cristalinos. En el horizonte, como una serpiente albina, en reposo permanecía
la superficie de un rio, en calma, congelado, en silencio, en comparación con
todo el ruido que normalmente hacía, perceptible desde su aislado confinamiento
en la cima de la montaña. Excepto quizá por el canto de unas pocas aves, el, la
única persona despierta en el centro, sentía que el mundo entero se había congelado
tanto en el tiempo como en el espacio.
Su encuentro con la nieve lo transportó varios años en el
pasado, cuando todavía era un crio. Se encontraba en su casa y su madre
cocinaba mientras esperaba al esposo. El veía la televisión, muy de cerca a
pesar de las insistencias de su madre para que se alejara de la pantalla. Se
aproximaba navidad, y por la tele transmitían un programa norteamericano, en el
cual representaban niños jugando en algo que llamaban “nieve”. El, un chico del
trópico, jamás había imaginado la existencia de esta. Sonó una puerta, era su
padre. Corrió a saludarlo con un cálido abrazo, para luego volver a su lugar. –Aléjate
del aparatejo ese pulguita- dijo su madre
mientras servía la cena. –Hazle caso a tu madre campeón- dijo su padre,-
y más bien, ven a cenar con nosotros-. Así, en una cena familiar, se había enterado
por primera vez de la “nieve”.
Volvió al presente. Finalmente había conocido aquel objeto
blanco cuya curiosidad siempre lograba despertar de niño. Comenzó a reír, a
jugar y a revolcarse en el helado suelo, como si todo estuviera bien. Al cabo
de un largo rato decidió hacer un muñeco de nieve, para lo que fue juntando
materiales. Sin embargo, mientas apilaba la nieve, no podía sentir o pensar más
allá de que algo estaba mal. No comprendía aquel hombre, mientras incrustaba
piedras y ramas en la nieve, que faltaba. Finalmente había cumplido uno de sus
mayores deseos que tenía desde niño. ¿Qué podía faltarle, aparte de una casa,
una familia, dignidad, esperanza, comida? ¿Qué le impedía ser feliz, si
finalmente había cumplido uno de sus sueños, aun cuando lo hizo siendo un pobre solitario sin
más que los harapos que usaba? ¿Por qué justo cuando lo logró, su vida tenía
que ser tan miserable? Dos lágrimas rodaron por sus mejillas. Dos copos cayeron
en el suelo. Faltaba poco para navidad.
Dedicado a todos los inmigrantes en condición de indigencia.
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